Por Antonio Ramírez Córdova

Antón pidió un servicio de quesitos fritos con salsa de guayaba y dijo que había tirado su sombrero al aire cuando leyó una certera crítica de un joven historiador, sobre hechos acontecidos de un tiempo a esta parte en el deporte del paso fino. Luego añadió que parafrasearía al poeta español Luis Cernuda y después de su habitual trago de ron, dijo que el hombre mismo a puntapiés ha sido el peor estorbo en el destino de ese deporte nacional que ya sucumbe a pasos agigantados.

Dichos de Antón sobre el Caballo Puertorriqueño de Paso Fino (8)

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Primero que todo, tres enormes gracias para Antón: por leerme y tirar el sombrero al aire, por lo de joven (que ya no lo soy tanto), y por lo de historiador… yo sólo soy un enamorado de esta raza maravillosa que Dios le regaló a Puerto Rico y que tengo el privilegio de criar y el deseo de conservar.  Ojalá estos escritos—los de Antón y los míos—despierten en los caballistas puertorriqueños esa pasión que supera todas las barreras e impulsa a preservar el legado que hemos recibido de nuestros antepasados.

Antón, te cuento que un amigo compartió el artículo y comentó de los gratos recuerdos que le traía de la época de oro de nuestro deporte nacional, cuando todos los caballos y los caballistas eran puros puertorriqueños, sin influencia extranjera.  Añadió que hoy nuestra raza está en peligro de extinción y remató diciendo que en esto del Paso Fino, los puertorriqueños hemos sido una mala madre y buena madrastra.  Palabras fuertes que deberían empujarnos a hacer un alto y repensar lo que estamos haciendo por y para la raza.

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Seguimos compartiendo fotos de las vestimentas y aperos tradicionales del Paso Fino Puertorriqueño.  Hoy les traigo a Doña Soli Sotomayor, montando su famosa yegua Marisol.  Doña Soli ha sido una de las mejores amazonas (tal vez la mejor) que ha visto nuestra raza.  Marisol era hija de Raffles (Nochebuena en una yegua de la Eastern Sugar) en Flicka (Hércules en Quisqueya por Toledo), una yegua doble Nochebuena y muy representativa de esa línea que ya no nos queda.  Grande, fogosa, reunida, fina… la elegancia de este binomio era insuperable.

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