La Cenicienta

by Romualdo on May 31, 2007 in mis caballos

Para el año 1988 mi primo y un socio estaban trayendo caballo de Florida para venderlos en Puerto Rico… su mercado eran los aficionados a los rodeos y a las carretas (que estaban de moda en el área sur), por lo que mayormente traían Quarter Horses, Appaloosas y Belgas… pero un día me llamó para decirme que habían traído unos ponies, por si quería ver uno para Maldy (mi hijo, que en ese entonces tenía dos años)… Así que después de dos o tres años fuera de los caballos, compré un pony alazano tostado con crines guajanas para Maldy… y le llamamos “Be Happy”, que era parte del título de una canción que Maldy se pasaba repitiendo: “Don’t worry, be happy”

La verdad es que Maldy nunca desarrolló el gusto por los caballos… pero Be Happy sirvió para despertar el mío… Poco tiempo después, mi tío me ofreció la barriga de una de sus yeguas… y oficialmente, mis “vacaciones” se habían terminado…

De esa barriga nació Rocío… una potranca zaina hija de Naranjito (Naranjo / Soñador / Telégrafo / Guamaní) en Bucaná (Bucanero en Tenerife)… Rocío era grande, bonita y delicada, pero no era una yegua de competencias, le faltaba velocidad… así que decidí hacer un experimento y cruzarla con un caballo Colombiano que pudiera darle la rapidez que a ella le faltaba…

En ese entonces (1991) ya yo frecuentaba las competencias de Los Abiertos y estaba al tanto de las líneas colombianas “de moda”… pero me preocupaba la tendencia a la Trocha que podía observarse en algunas de esas mismas líneas… así que me di a la tarea de buscar un padrote que tuviera lo que buscaba, pero a la vez, que fuera natural en su paso…

Aunque los Resorte ya eran la línea preferida en las pistas, yo me inclinaba más por la línea de Plebeyo (Chucuanos)… el problema es que aquí no había muchas opciones para encastar… al menos eso era lo que yo pensaba… hasta que fui a una competencia en Trujillo Alto donde Rafi Rivera llevó un caballo buenísimo que le dio “una chiva” al caballo Cancionero… el caballo de Rafi se llamaba Hirohito…

De este cruce salió La Cenicienta… una potranca baya que tenía un trote suspendido mientras corría suelta con su madre… pero que tan pronto la destetamos y le pusimos un jaquimón con una soga, dejó el trote y empezó a marcar los cuatro tiempos del Paso Fino… así que decidí vender a Rocío y aventurarme en el mundo de los Caballos de Paso Colombiano con La Cenicienta…

Ya había pasado un tiempo cuando supe que mi tío estaba pensando vender a Bucaná, la última yegua que le quedaba… pero no era sólo “una yegua”, sino una de las mejores yeguas que él había encastado… y una de mis preferidas… así que la compré y probé echándole a Labriego… Bucaná me dio un potro muy, muy fino, pero le faltaba el empuje y los posteriores que yo había visto en los Colombianos…

Fue entonces que decidí cruzarla con Nevado, que había llamado mi atención por su brío y fenotipo… y más tarde con Petrolero, uno de mis preferidos entre los Caballos de Paso Colombiano… Bucaná siempre había tenido problemas de ovulación y ninguno de esos dos cruces (o ningún otro) pudo darse por más que tratamos de empadronarla… Aún así, Bucaná siempre fue “mi yegua”… la que yo montaba cada vez que iba a las cuadras… y que sólo vino a ser sustituida por Labranza muchos años después…

Mis primeros pasos en el Paso Fino

by Romualdo on May 27, 2007 in mis caballos

Cuando yo tenía quince o dieciséis años, solía ir casi todos los sábados con mis primos a las cuadras del Dr. José M. Berio en Corozal… Cesar (Figueroa) seguía viviendo en nuestra finca, pero trabajaba entrenando los caballos del Dr. Berio… y a nosotros nos gustaba ir para montarnos en los potros cerreros que se estaban empezando a domar…

En ese tiempo, los caballos del Doctor venían mayormente por la línea de Soñador… y sus dos padrotes eran: Casanova, un hijo de Soñador en Maja; y Marco Antonio, hijo de Negrete en Nochebuena II… Yo tenía un dinerito guardado y un día le compré un hijo de Marco Antonio en la yegua Contesa (madre de Emperatriz y abuela de Omega de Bucanero)…

Ese potro murió de un cólico a las pocas semanas de haberlo comprado… así que un día, caminando por Plaza la Américas, me encontré con el Doctor que me dijo que fuera a buscar un potro que tenía para regalarme… y no tuve que esperar mucho porque el sábado siguiente, al llegar a la finca, ya Cesar había ido a buscar el potro y lo tenía amarrado en el bañadero esperándome… El potro era hijo de Casanova… y habiendo sido un regalo del Doctor, le puse por nombre Regalo…

Regalo fue el primer caballo donde puse en práctica lo que Cesar me había enseñado… desde machucarlo… esa primera etapa con la jaquimita de soga (que muy pocos usan hoy en día)… hasta la serreta… y la embocada… Además, aunque acostumbrábamos llevar los caballos de mi tío (Barón Valles) a competir… Regalo también fue el primer caballo con el que experimenté la emoción de estar en el picadero compitiendo…

Años más tarde seguía visitando la finca del Doctor Berio… y había un grupo de potros y potrancas de seis o siete meses, sueltos en un cercado cerca de la entrada de la finca… de ese grupo, había un potro que me llamaba mucho la atención por lo delicado de su pisada… y aunque casi no levantaba las patas del suelo, se le veía muy suelto de sus menudillos… así que vendí a Regalo y le compré ese potro al Doctor…

Era un potro cebruno hijo de Cialito en Sarah (Retador en Marina)… No era el más bonito del mundo, pero lo que me había gustado de él era su delicadeza y finura… además de un brío espectacular que había heredado de su madre… y como era hijo de Cialito, lo llamé Cialito II…

Con Cialito II seguí puliendo lo que había empezado a practicar con Regalo… desde las primeras montas… hasta la embocada final… y cuando se me “trancaba el bolo”, siempre estaba Cesar para darme una mano… También mi primo, Paco, que siempre ha tenido una mano excelente para los caballos… y una sabiduría innata para saber cuál es el problema y cómo resolverlo…

Un día, hablando de caballos con mi abuelo, me ofreció regalarme otro potro… pero me dijo que buscara bien porque él quería que fuera algo especial… así que con la ayuda de Paco, nos dimos a la tarea de visitar los potreros de algunos amigos… y vimos tres potros “especiales” que nos gustaron muchísimo… el primero lo vimos en Vieques, en las cuadras de Carlos Conde… era un potro de veinte meses que estaba empezando a montarse… y que más tarde se conocería como Areyto… y el segundo, un potrito de dos o tres meses que nos enseñó don Charlie Heusler… el potrito era una maquinita detrás de su madre y don Charlie decía que era cómo un “relojito suizo”… ese potrito era Caribe de Domingo… De estos dos… Carlitos Conde pedía mucho por Areyto… y don Charlie nos enseñó a Caribe, pero no lo tenía a la venta…

El tercer potro que nos había gustado tampoco estaba a la venta… pero siendo de mi tío, seguimos insistiendo y accedió a vendérmelo… era hijo de Retozón (Retador en La Bruja) en Toñita… y como era el último hijo de Toñita, Tío Barón lo tenía en su casa en lugar de en la finca…

A este lo bauticé El Vasco… y era una maquinita… muy rápido y delicado… con una mecánica casi perfecta… El Vasco tenía un hermano completo, pues Tío Barón le había prestado la yegua (Toñita) a Marino (Rodríguez) para coger una cría de Retozón y él se la devolvió preñada del caballo… el potro de Marino se llamaba Raíces…

En ese momento no lo sabíamos, pero ese cruce repitió varias cosas… ambos eran potros finísimos… ambos eran potros hermosos, de color negro cerrado… ambos eran potros de brío… pero también, ambos eran criptórquidos, o sea, que tenía un testículo retenido…

Al poco tiempo de haber comprado El Vasco, Marino decidió mudarse a la Florida y estaba buscando un potro joven para llevarse como padrote… yo le había pedido a Cesar que se llevara a Cialito II a la finca del Dr. Berio para recuperarlo, pues unos meses antes me lo habían robado de las cuadras de Juan Ramón y, aunque lo habíamos recuperado, necesitaba un descanso…

Marino llegó a la finca de Berio cuando Cesar estaba montando a Cialito II y enseguida dijo que lo quería… así que decidí venderle el potro y quedarme solamente con El Vasco… y unos días más tarde Cialito II iba de camino a su nueva casa en Ocala… Esta es una decisión que lamenté muchas veces, pero en ese momento no conocíamos la condición de los hijos de Toñita y Retozón…

Los caballos que tienen un testículo retenido, en ocasiones, pueden desarrollar problemas de temperamento… y siendo un caballo de mucho brío, El Vasco se fue poniendo violento hasta el punto de morderse él mismo su pecho cuando lo montaba… llegó a ser una odisea trabajar con él… aperarlo y hasta sacarlo de la jaula… así que cada vez lo trabajábamos menos, hasta que un día amaneció muerto de un cólico en su jaula…

Después que murió El Vasco tuve un hijo de Cialito II que había encastado el Dr. Berio con Victoria, una yegua hija de Soñador… este potro se llamaba Guerrillero y era un ejemplar de mucho paso y mucho motor… pero no era fino… y al tiempo se lo vendí a Felo Negrón, quien lo tuvo muchísimos años y hasta lo uso para encastar…

Después de Guerrillero decidí tomar mis primeras “vacaciones” en los caballos… vacaciones que rompería para entrar en los Caballos de Paso Colombiano… pero de eso les cuento en el próximo artículo…

Comanche

by Romualdo on May 24, 2007 in mis caballos

A fines de los años 60 yo era el fanático número uno de la serie de televisión Gunsmoke… o La Ley del Revolver, cómo le llamábamos en español… no me perdía un episodio… tan así que uno de mis tío empezó a llamarme el Marshall Dillon, cómo el protagonista de la serie… Además del Marshall Dillon, mis otros favoritos eran Bonanza, El Hombre del Rifle (The Rifleman), El Gran Chaparral, El Llanero Solitario, The Wild, Wild West… ¡todo lo que tuviera que ver con vaqueros me gustaba!

Y un día, en medio de esa afición a todo lo que tuviera que ver con el “viejo oeste”, me regalaron un libro sobre las distintas razas de caballos… Era un libro para niños, pues yo tendría cerca de 10 años… y en lugar de hablar de las razas en sí, contaba una historia para cada una… y era, a través de la historia, que te llevaba a conocer cada raza en particular… Recuerdo que en lugar de fotos, el libro tenía ilustraciones… y hubo una en particular que llamó mi atención…

La lámina mostraba una gran pradera llena de búfalos… y unos indios sobre sus caballos que, con sus arcos y flechas, perseguían un búfalo… los indios montaban unos caballos llamados Appaloosa que cautivaron mi imaginación… así que unas semanas más tarde ya había hecho a mi madre recorrer todas las librerías del área metropolitana hasta encontrar un libro sobre los caballos Appaloosa…

Un año más tarde, mi abuelo me invitó a la finca de los Ubarri… además de ser amigos, mi abuelo (por parte de padre) tenía caballos en el hipódromo y ellos criaban caballos de carrera… así que el viaje al potrero no me sorprendió… pero al llegar allá, me encontré con la sorpresa de que ellos tenían un grupo de yeguas Appaloosa… y el verdadero propósito del viaje es que yo viera, en carne y hueso, esos caballos que tanto me gustaban…

Pasaron unos meses y mi abuelo me enseñó las fotografías de dos potros Appaloosa de 18 meses para que escogiera cuál me gustaba… la primera, un hermoso potro leopard, y la otra, uno zaino cebruno con blanket, ¡igualito a la lámina que hacía casi dos años me había cautivado!…

Comanche (ese fue el nombre que le puse) era hijo de Poteet Dandy en Freckles Checo, y había nacido en Ft. Lauderdale, Florida… y aunque nunca me dijeron, creo que fue a través de los Ubarri que lo consiguió mi abuelo…

Ya una vez en la finca, Comanche era la sensación del barrio… tanto por su color… como por su velocidad, porque en esa época nos gustaba echar carreras y Comanche siempre llegaba en primer lugar… aunque debo reconocer que uno de mis primos tenía un caballo canario “El Rubio” que le daba la pelea…

A Comanche lo tuve por varios años… pero, aunque era un animal dócil, la verdad, le tenía un poco de respeto al caballo… todavía me acuerdo un día que íbamos, mis primos y yo, paseando por la carretera… cuando de repente, venía un camión tocando la bocina… Comanche se puso nervioso… y aunque siempre pude controlarlo, el susto que pasé fue monumental… Así que un día le dije a mi abuelo y él se lo llevó para el hipódromo… allá trabajo de “pony” por muchos años, llevando los caballos a traquear a la pista…

Como diez años más tarde, durante un verano, tuve la oportunidad de participar con mis primos en unos rodeos en el Guaynabo Riding Club… y estoy seguro que si hubiera tenido a Comanche en ese tiempo, de verdad lo hubiera aprendido a disfrutar… tan es así, que si tuviera una finca y la oportunidad de tener varios caballos… uno de ellos sería un Appaloosa…

Mi primer caballo

by Romualdo on May 20, 2007 in mis caballos

Durante los próximos días quiero irles contando sobre algunos de los caballos que he tenido durante los años… cada uno de ellos tiene una historia particular… y cada uno de ellos me enseñó algo o dejó una huella en mi vida…

Mis primeras navidades fueron a escasos dos meses de haber nacido… y debajo del arbolito de navidad, en casa de mi abuelo, recibí mi primer caballito de juguete… A este le siguieron otros, hasta que a mis cuatro o cinco años, recibí ¡mi primer caballo de verdad!… era un Shetland Pony color blanco y le pusimos por nombre Macarroni…

En esa época ya nos habíamos mudado del campo a Guaynabo… y Macarroni transcurría su vida entre la finca en Naranjito y la casa de mi abuelo en Guaynabo… Para ese entonces (a mediados de los 60) Guaynabo no estaba urbanizado como ahora… y mi abuelo tenía una pequeña jaulita en el patio de su casa… También recuerdo que cuando lo llevábamos para la finca en Naranjito, mi abuelo sacaba los asientos de su “Rambler” y Macarroni se montaba en la parte de atrás…

Macarroni era un pony polifacético y versátil, lo mismo podía montarse, que podía halar un “quitrín”… y mi abuelo solía pasearme en el quitrín por toda la urbanización donde él vivía… También, cuando había un cumpleaños, Macarroni era la atracción de la fiesta y todos mis amiguitos querían dar un paseito…

Pero Macarroni no sólo fue mi primer caballo… sino que fue ¡el primer caballo del que me caí!!!… Lo siento, pero nadie puede llamarse “caballista” si nunca se ha caído o ha cogido una patada de un caballo…

En la finca teníamos un picadero al lado de las cuadras… le llamábamos el “redondel”… y una mañana me ensillaron a Macarroni para que le diera una vueltita… pero, quien puso la silla, no apretó el cincho lo suficiente… así que pasó lo inevitable: la silla se volteó y yo visité la lona por primera vez…

Que decirles… el saldo fue que perdí los dos dientes de al frente… y cómo todavía eran dientes de leche, estuve mella’o por mucho tiempo… pero esto son gajes del oficio… y aunque no le cogí miedo a los caballos, aprendí que si uno no es el que apera, al menos debe verificar que todo esté bien puesto…

No recuerdo en que año murió Macarroni… no murió en casa de mi abuelo, ni en la finca… resulta que como causaba tanta sensación en los cumpleaños, un día se lo pidieron prestado a mi abuelo… y como quien lo pedía era Luis Muñoz Marín, mi abuelo dijo que sí… Esa tarde, después de hacer su tarea y pasear a todos los niños que habían ido a la fiesta… le pusieron un cubo lleno de alimento al frente… y Macarroni se lo comió completo…así que tuve mi segunda gran lección, a los caballos les puede dar cólico… y si no se atiende a tiempo, puede ser fatal…

Bueno, esta es la historia de mi primer caballo… un par de años más tarde, a mi primo le regalaron una pony a la que llamó Grace (en honor a la enanita Grace de la Vega que salía en televisión) y heredaba el quitrín de Macarroni…