Catalino “Catino” Santos, el Gran Búfalo

by Romualdo on April 19, 2021 in Paso Fino

Catalino “Catino” Santos, el Gran Búfalo

Reseña por su hijo César A. Santos Guzmán

CATINO nació “enchumbao”(1) y así corrió por los valles de la caña sureste de PR; el cuál habiendo jugado “béisbol” en los cepos vacunos se hizo Agrónomo en el CAAM(2) y se ganó el favor de trabajar para los “Cautiño”(3) en Guayama.

El “Gran Búfalo” (así le llamaban a Catino) siempre fue y murió como un “SOÑADOR”(4) único y excepcional, el cual endulzó a muchos con su “BOMBÓN”(5). Honró e hizo galas de su patriotismo cuando selló sus orígenes, crianza y desarrollo en la “HUNAYA”(6), la cual hermanó con los paso finos de la “FILIGRANA”(7) merenguera. Todos los anteriores campeones en sus respectivas naciones.

En sus sueños se encampanó por las llanuras doradas sobre las andaduras sacerdotales del “LLANERO”(8). Cuando cruzaba el viejo puente de Navarro se encontró con el Magnate altanero de “ONASSIS”(9), quien fue su amor hasta la muerte. Se hablaban sin letras, se olían sin perfumes y jugaban cuando “charreaban” en el desafino de sus pasos.

Se creyó “ARQUITECTO”(10) y consumador de una raza con proyección internacional cuando castó al “INMORTAL”(11) Dominicano; heredando este la hermosura de “DOÑA RAMONITA”(12).

Lloró por defender lo Puro y Nuestro, junto de las manos de Minín Kuilan, de Cunda Figueroa y del siempre bien querido Toño Colón y todas sus familias; así como promovió el debut de Pedro “Negro” Kuilan a la edad de 14 años en su insigne CAAM de Mayagüez.

Fueron incontables sus hermanos no sanguíneos y formó parte del Trio de “Los Chiflados” en compañía de Paquito Rincón y Tuto Buxó(13); quienes cohabitaron en la Cuadra de Humacao.

Aunque se destacó como Jugador, Dirigente y Co-Apoderado del Béisbol AA y promotor de las Pequeñas Ligas en Puerto Rico; fue por medio de su Gran Impacto Nacional, el Paso Fino Puro Puertorriqueño, que lo inmortalizaron en el Pabellón del Deporte Humacaeño.

Lo conocí hace ya 65 años, me engendró, me otorgó su primogenitura junto con su amada Lucy; además de hermanearme con Wallace y el “Junior”, a quien dedico este escrito.

Permita DIOS que esta semilla sirva como modelo catalítico para que otros Hijos de las Memorias del Paso Fino Puro Puertorriqueño honren a sus Padres Caballistas y defensores de lo Nuestro contando también sus historias.


  1. Enchumbao, gentilicio de los nacidos en Naguabo, PR.
  2. “Los Cautiño”, vaquería de la familia Cautiño de Guayama.
  3. CAAM, Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas en Mayagüez, más tarde conocido como RUM.
  4. Soñador, primer caballo de Paso Fino que tuvo Catino.
  5. Bombón, primer Sub-Campeón Nacional de la Asociación Nacional.
  6. Hunaya, primera potranca Campeona Nacional de PF, Campeona Yegua y primera Sub-Campeona en el Segundo Clásico Internacional del Caribe de 1968. Su nombre es un anacronismo de Humacao, Naguabo y Yabucoa.
  7. Filigrana, potranca destacada en Puerto Rico que fue vendida a la República Dominicana y representó al hermano país en el Segundo Clásico Internacional del Caribe, Concurso Internacional de Paso Fino celebrado en el Club Ecuestre El Comandante en 1968.
  8. Llanero, primer Campeón de Condiciones Generales y Andadura de la Asociación Nacional. “Andaduras sacerdotales” porque fue adquirido de un sacerdote del Monasterio San Antonio Abad en Humacao.
  9. Onassis, el más querido por Catino, fue el primer Sub-Campeón dela Asociación Insular.
  10. Arquitecto, caballo destacado de la Asociación Insular.
  11. Inmortal, hijo de Onassis en Doña Ramonita, fue exportado a la República Dominicana donde alcanzó el título de Campeón y siguió una carrera como semental.
  12. Doña Ramonita, yegua Campeona en la Asociación Insular, fue la madre de Inmortal, Sensación y Españoleto III.
  13. Paquito Rincón, fue dueño de Cialito y castó a Freko; Tuto Buxó, dueño de El Fuhrer y Lelolai, y uno de los socios fundadores de la Asociación Nacional.

Foto de Hunaya montada por Cunda Figueroa. Catino al lado izquierdo con el sombrero vaquero y, frente a la yegua, su hijo menor “Jr” que le acompañaba a todas las competencias.

Dichos de Antón sobre el deporte del Paso Fino (1)

by Romualdo on April 16, 2021 in ANTONIO RAMÍREZ CÓRDOVA

Por Antonio Ramírez Córdova

Dichos de Antón sobre el deporte del Paso Fino (1)

Antón volvió a la fonda de los Tres Platos, después de una breve estadía en Nueva York, donde fue a leer su poesía y pidió de inmediato un trago doble de ron blanco, haciendo un esfuerzo por mantenerse sereno cuando afirmó que se pueden contar con los dedos de la mano los puertorriqueños que conocen la historia del deporte de caballo de Paso Fino. Después de un prolongado silencio, habló de Clío, la protectora de la historia de la Antigua Grecia y de Heródoto, el primer historiador que vivió en el Siglo XV A.C. Desde entonces se sabe que desconocer la historia es lo mismo que andar en tinieblas.

Antón dijo, concentrado en el mantelito azul y blanco, que el caballo de Paso Fino es mas cautivador que un número de music hall.

Al deporte del Caballo de Paso Fino hay que cuidarlo como si fuera un tesoro, dijo Antón, fijándose en una dama que se miraba de reojo en el espejo de la Fonda. Luego, miró entorno suyo y se sirvió otro trago de ron.

Antón siguió con la vista a un defensor incondicional y recalcitrante del Paso Colombiano sobre el paso del caballo nuestro y dijo para sí mismo, sucede que no vio nunca a Cofresí ni a Siboney el Brujo.

Antón dijo oscilando el peso de una pierna sobre la otra pierna, que el Paso Fino es magia muy poderosa como las torres de las iglesias. Después masticó la punta de un pastelillo de queso y se sirvió otro trago.

Antón pidió un servicio de surullitos de maíz y no pudo menos que sonreír, cuando dijo que el Paso Fino bajó del cielo. Inmediatamente se abandonó a su trago de ron y prosiguió entregado a un monólogo placentero sobre Dulce Sueño, un jefe de raza que perteneció a Don Genaro Cautiño de Guayama.

Antón cada vez que habla del caballo de Paso Fino se le ve en la mirada un brillo de satisfacción cuando recuerda que en el pasado los parques se llenaban de público los días de competencia y cuando las aceras que rodeaban las plazas de recreo no cabía un alma.

Continuará…


Nuestro querido amigo y amante incondicional del caballo puertorriqueño de Paso Fino, Antonio Ramírez Córdova (“el poeta” o “el profesor” para algunos), publicó recientemente un libro titulado “Dichos de Antón”, donde Antón, sentado a la mesa en un fondita de barrio (Los Tres PLatos), ofrece pensamientos breves que nos invitan a reflexionar sobre distintas cosas de la vida. Su amor por el Paso Fino le lleva a escribir algunos “dichos de Antón” sobre nuestros caballos y gentilmente ha querido compartirlo con todos nosotros.

Foto de la colección de Francisco Rodríguez: VI Concurso Ecuestre Internacional celebrado en 1971 en el estadio Hiram Bithorn. Al frente, Siboney el Brujo montado por Juan Pérez, le sigue Cupido montado por Cunda Figueroa. Cupido fue el Campeón y Siboney el Brujo quedó Sub Campeón del Concurso.

Hay que mirar al pasado para encontrar el futuro del caballo puertorriqueño de Paso Fino

by Romualdo on December 16, 2020 in Paso Fino

Cuando observamos la naturaleza, resulta asombroso ver como cada especie se ha adaptado a su medioambiente.  Algunos han desarrollado velocidad y agilidad para escapar de los depredadores.  Otros se han adaptado al clima extremo, como el frío del ártico o el calor del desierto.  Y no faltan los que tienen un pelaje o plumaje que los disimula con su entorno.  Uno de los mecanismos que la naturaleza utiliza para todas estas variantes es la selección natural… un proceso donde se reproducen los ejemplares más aptos para la supervivencia. “Survival of the fittest”, nos dijo Darwin, porque los que no se adaptan, mueren.

Hay que mirar al pasado para encontrar el futuro del caballo puertorriqueño de Paso Fino

Sin embargo, en las razas de animales domésticos el proceso totalmente diferente.  Ya no se trata de adaptación, sino manipulación genética del hombre para producir animales con unas características específicas.  Aquí no entra en juego el azar, ni la evolución, ni la capacidad de adaptación, sino la mano de los criadores que van creando las distintas razas con unos propósitos específicos en mente.

La FAO (Food and Agriculture Organization) es una rama de las Naciones Unidas que, entre otras cosas, estudia las razas de animales domésticos en el mundo.  Según esta organización, en los últimos 100 años se han perdido cerca de 1,000 razas distintas y, en la actualidad, el 20% de las razas de animales domésticos está en peligro de extinción.  Esto debería ser importante para nosotros ya que este año (2020), The Livestock Conservancy incluyó al caballo puertorriqueño de Paso Fino en su lista de razas en peligro de extinción.  Ambas organizaciones reconocen la importancia de preservar la diversidad genética en las razas de animales domésticos, pues cada raza tiene características que las hacen únicas e irrepetibles, y una vez se pierde una de ellas es imposible recuperarla.

Cuando miramos los caballos, a simple vista observamos la diversidad genética que existe entre las razas.  Por ejemplo, un caballo de carreras (Thoroughbred) es muy distinto a un Percherón, y un Shetlan Pony contrastará al lado de un Appaloosa.  De la misma forma, un Hanoverian no puede compararse con un Paso Fino.  Unos han sido diseñados para correr, otros para tiro, otros para saltar, otros para trabajar con ganado, otros para montar por placer… cada raza ha sido desarrollada por sus criadores para satisfacer sus necesidades y gustos, y cada una cuenta con unas características específicas que la hacen apta para realizar el trabajo para el que fueron diseñadas.

El caballo puertorriqueño de Paso Fino fue diseñado para ser un caballo de silla.  Esto significa que una de las primeras consideraciones era la suavidad de la marcha y la comodidad del jinete en la silla.  Aunque hay varias características que distinguen nuestra raza, es su forma particular de andar, su aire característico, lo que la define y separa de las demás razas equinas.

No voy a entrar en una descripción profunda del aire del Paso Fino, para efectos de este artículo basta que digamos que la marcha de nuestros caballos debe ser suave, porque en esa suavidad está la comodidad del jinete.  Sabemos que el Paso Fino es una marcha en 4 tiempos isócronos que se derivan de una ambladura rota, de ahí que digamos que su paso es lateral.  También sabemos que este aire está impreso en el ADN de nuestros ejemplares: nacen con esta característica que han heredado de sus padres y la transmitirán a su descendencia.  O sea, que este aire es natural en ellos, tan así que los potrillos lo exhiben desde el momento en que nacen.

El primer indicio de una raza la encontramos a finales del siglo 18, cuando el naturista francés Andrë Pierre Ledrú, luego de observar las Carreras de San Juan, dice que: “La velocidad de estos caballos indígenas es admirable; no tienen trote ni el galope ordinario, sino una especie de andadura, un paso tan precipitado que el ojo más atento no puede seguir el movimiento de sus patas”.  Es importante que entendamos algo, esa velocidad de la que habla Ledrú, esa dificultad de seguir el movimiento de sus patas, no se refiere a un ejemplar reunido y ejecutando con alta frecuencia, como podríamos ver hoy en día en una competencia.  No.  Su comentario trata de explicar la carrera del caballo en una andadura rota, lo que hoy llamamos “paso largo”.

El caballo puertorriqueño nació como un animal de transporte y de trabajo.  Un caballo con una marcha sumamente suave y cómoda para su jinete.  Una marcha que le permitía cubrir terreno con velocidad, pero que podía reunirse al llegar al pueblo.  Una marcha con un ritmo único y particular… pero todavía no era el Paso Fino que conocemos hoy en día.

El historiador Adolfo De Hostos recoge en sus anotaciones que en 1849 se prohibieron las Carreras de San Juan, pero se llevó a cabo el primer concurso de caballos documentado en Puerto Rico.  También De Hostos dice que en 1860 se criaba en la Isla una raza de caballos que era muy admirada en las Antillas… el nombre de esa raza era “Paso Fino”.

¿Cómo pasamos del caballo indígena de la andadura rota o paso largo, al caballo propiamente de Paso Fino con las características que tenemos hoy en día?  El proceso se dio en las haciendas, cuando se fueron seleccionando los mejores ejemplares para los hacendados y mayordomos.  Para ellos se escogían los caballos más suaves y de marcha más cómoda, los más elegantes, de más gallardía, de más belleza… en resumen, los más “refinados”.  Y aquí refinado—el “fino” del nombre Paso Fino—no se refiere a un paso repicado, sino a la finura que denota un grado de calidad que sobresale sobre los demás.  Por ejemplo, Godiva es una marca de chocolates finos… Rolls Royce es el más fino de los automóviles… la seda se considera la tela más fina… y el caballo puertorriqueño surgió como el más fino de todos los caballos de Paso.  Tan fino y “admirado” era el andar de nuestros caballos que su marcha se conoció como “Paso Fino” … y la raza se bautizó con el nombre de ese aire que los hacía únicos en el mundo.  En la Isla se siguieron criando caballos para trabajo y para paseo (caballos criollos), pero los más refinados se separaron aparte y en 1943, cuando se formó la Asociación de Dueños de Caballos de Silla de Puerto Rico (hoy la Federación), se comenzó con ellos el primer registro oficial de caballos de Paso Fino.

A través de los años se ha ido describiendo el Paso Fino como una andar natural, rítmico, cadencioso, reunido, de 4 tiempos laterales de igual duración (isocronía), elástico, suave, cómodo y delicado, que se debe ejecutar con gracia, fogosidad y viveza.  Aunque estas palabras se repiten continuamente en los escritos de Gaztambide Arrillaga y Ruiz Cestero, así como en los reglamentos de las tres entidades y la Ley de la Agroindustria, siempre han estado sujetos a la interpretación de los dueños, criadores y directivos de las entidades.  Por eso, en la historia de nuestra raza, encontramos periodos de luz y de sombras, donde el modelo “de moda” variaba para bien o para mal de la raza.  Por ejemplo, a finales de los 80 se propuso en algunos círculos que el caballo, para ser “fino”, no podía ejecutar con mucha fuerza en su tren posterior.  Esto produjo varias generaciones de caballos deficientes y sin fuerza en sus posteriores.  En ese tiempo también comenzó a declinar el interés por los eventos de Bellas Formas, lo que causó que la elegancia y la importancia de una buena conformación pasaran a un segundo plano.  Simultáneamente (al aparecer unos caballos de menor tamaño que tenían buena frecuencia) se impulsó la idea de que el caballo “grande” no podía ejecutar con la misma finura y frecuencia, por lo que se perdió tamaño.

Tal vez el cambio más significativo se produjo en los años 60, al aparecer el caballo Kofresí.  Aunque en nuestra raza siempre existieron los ejemplares reunidos y repicados, el caballo ideal se definía como un caballo más desplazado, con el andar característicos de aquellos caballos que se separaban para los hacendados.  En esa coyuntura histórica, los caballos habían dejado de ser instrumentos de trabajo y tampoco se necesitaban como medio de transporte, así que pasaron a ser objetos de lujo.  Ahora se comenzaban a admirar como animales de exhibición y es ahí que Kofresí trajo un estilo “nuevo” (no era realmente nuevo, pero fue en ese momento que los criadores y entusiastas acogieron ese paso repicado como el modelo a seguir).

La raza enfrentó varios retos durante las décadas siguientes.  Se perdieron líneas importantes.  Se reinterpretó (una mala reinterpretación) el concepto de “finura” que, como expliqué antes, hizo que se perdiera fuerza en el posterior y flexión en las extremidades.  La buena conformación, el tamaño y la elegancia perdieron importancia.  Y el caballo puertorriqueño vio reducida considerablemente su población en cantidad y calidad.

Es cierto que actualmente estamos viendo un “resurgir” de la raza.  Hay entusiasmo y deseos de buscar ejemplares más “completos”.  Pero las nuevas generaciones de caballistas, a falta de un modelo histórico claro, definido y bien documentado de nuestra raza, han recurrido a “inspirarse” en los caballos de Paso Colombiano.  Eso es un error pues, además de ser razas diferentes, nuestro deber debería ser preservar las características innatas de nuestra raza, no buscar evolucionarla para parecerse a una raza distinta a la nuestra, por exitosa que ésta sea en términos de mercadeo.


Aquí, si me lo permiten, quisiera hacer un paréntesis.

Como caballistas, admiro lo que los hermanos colombianos y peruanos han hecho con sus respectivas razas de caballos.

En el caso de los colombianos, su visión de “raza” es mucho más amplia que la nuestra pues el Caballo Criollo Colombiano agrupaba varios tipos de caballos (modalidades) con andares, conformaciones y características distintas.  Por ejemplo, en la década de los 50 surgió en Colombia el caballo Don Danilo, un caballo con un cuarto de sangre Lusitana, nieto de un caballo importado a Colombia para rejoneo.  Don Danilo tuvo la virtud de poder ejecutar todos los aires del Caballo Criollo Colombiano: trote, galope, trocha y paso.  La popularidad de Don Danilo fue tal que se usó extensamente como semental en yeguas de todas las modalidades.  En la actualidad su sangre se encuentra tanto en ejemplares de Trote y Trocha, como de Paso.  Esto nos demuestra que la idea de naturalidad y pureza que nosotros valoramos tanto en nuestra raza es muy distinta a la que tienen los hermanos colombianos.

Dicho esto, es interesante la visión de Fabio Ochoa al mercadear sus caballos bajo el nombre y concepto de “paso fino”.  Aquí no reinó el amor por el Caballo Criollo Colombiano o el orgullo por lo auténticamente Colombiano, sino que imperó la ambición de un negociante de caballos, que aprovechó la oportunidad para explotar un mercado inmenso donde vender sus ejemplares.  Como la raza no era lo primordial (el concepto de “paso fino” no era original de Ochoa ni de Colombia), el caballo se convirtió en un mero producto que vender y, como tal, se acomodó a la demanda de los compradores.  Con esto quiero decir que el caballo de Paso colombiano fue “evolucionando” para suplir la demanda y el gusto americano, que era su mayor cliente.  Y este gusto, matizado por el caballo puertorriqueño de Paso Fino, quería caballos reunidos y pulidos.  La velocidad o frecuencia excesiva fue un producto colateral por los cruces con caballos de trocha y, al gustarle a los clientes, se convirtió en un punto de mercadeo.  Como la naturalidad no era importante para los criadores colombianos (y difícil de obtener por el cruzamiento de ejemplares de aires laterales y diagonales), se inventaron frases como que el caballo de paso “descansa en la trocha”.  Desde un punto de vista comercial, es admirable la evolución del caballo colombiano, que fue de un caballo de silla a uno de espectáculo (“de circo” dijo una vez un criador colombiano que no estaba de acuerdo con el rumbo que llevaba su raza), y más admirable aún la forma como Fabio Ochoa y los que le siguieron construyeron toda una industria sobre un modelo que no era realmente colombiano.

El caso de los peruanos es muy diferente… tan diferente que podemos decir que es totalmente opuesto.  Ellos no solo tienen una raza bien definida, sino que sienten un orgullo inmenso por su caballo y todo lo que culturalmente significa su raza para Perú.  Al igual que el nuestro, el caballo peruano de Paso se desarrolló como un caballo de trabajo y como medio de transporte.  Los peruanos, al igual que los puertorriqueños, valoran la comodidad de su cabalgadura y la suavidad de su marcha, y consideran su raza como el mejor caballo de silla del mundo.

Es interesante saber que cuando se formó la primera organización en los Estados Unidos, aunque la definición de “paso fino” estaba tomada del caballo puertorriqueño, la organización se abrió para registrar caballos colombianos y caballos peruanos (también había algunos caballos importados de Cuba).  A diferencia de los colombianos, que vieron la oportunidad comercial y la aprovecharon, los peruanos se separaron pues no querían que su raza fuera confundida con otras razas equinas.  Al separarse no solo formaron su propia organización para promover el caballo peruano de Paso, sino que mantuvieron la autenticidad de su raza, no buscando “evolucionarla” ni atemperándola a los gustos o necesidades modernas, sino conservando las características que valoraban sus antepasados.  Y junto con su raza, los peruanos han conservado toda su herencia caballar: sus aperos, sus vestimentas, su vocabulario, sus competencias y todo lo que es parte de la cultura peruana.  En la actualidad, el caballo de paso Peruano se encuentra en más de 20 países y es reconocido mundialmente con la raza caballar emblemática de Perú.


Después de este no tan corto paréntesis, quisiera que retomáramos la conversación sobre nuestro caballo puertorriqueño de Paso Fino.  Decíamos que a falta de un modelo histórico claro, definido y bien documentado, los nuevos caballistas han recurrido a “inspirarse” en los caballos de Paso Colombiano.  Esto no solo es un error cultural, sino que se aparta de lo que genéticamente es nuestra raza.  ¿Recuerdan que mencionamos la FAO y The Livestock Conservancy?  El valor genético de nuestra raza está en que es única y no se parece a ninguna otra raza de caballos.  Por eso, en lugar de imitar a otros, deberíamos celebrar nuestras diferencias, valorarlas, realzarlas y preservarlas.  Ese debería ser el rumbo para la conservación del caballo puertorriqueño de Paso Fino.

Recientemente, en una entrevista que “Paso Fino, Raza Autóctona de Puerto Rico” le hiciera al Lcdo. Luis Laguna Mimoso, le pidieron que comparara los ejemplares actuales con los que había antes.  Lulique no contestó directamente, pero invitó a José Huertas a compartir videos de los años 70 y 80, donde podían apreciarse los ejemplares más importantes de ese tiempo.  La realidad es que aunque la calidad de nuestros ejemplares ha mejorado en los últimos años, nos falta un gran trecho para poder compararlos con la época de oro de nuestra raza.  Tal vez hemos aumentado la frecuencia, ¡pero hemos perdido tanto en el camino!  Algunos pensarán que hemos perdido tamaño y conformación, y es cierto, pero ese es solo el comienzo de la lista.

Nuestra raza no solo era una raza de caballos de silla, sino que era la mejor de todas, la más cómoda y de la marcha más suave, tan así que nuestros abuelos se idearon la prueba de la copa de agua para demostrar la suavidad y delicadeza del Paso Fino.  Si hiciéramos esta prueba hoy en día, a muchos se les dificultaría mantener la copa llena.  La realidad es que hemos perdido suavidad… y finura.  Más grave aún, la idea de “finura” que tienen algunos está muy ligada al modelo colombiano, donde en la búsqueda del “parqueo” los ejemplares lucen “robotizados” pues han perdido la flexión en las rodillas, corvejones y menudillos.  Esa falta de flexión afecta la suavidad y comodidad de la marcha, y están dentro de lo que llamamos “pasi-trote”.  Basta con observar sin apasionamientos nuestras competencias y exhibiciones para encontrar múltiples ejemplos de esto.

La pérdida de tamaño, mala conformación y falsa finura no son los únicos problemas actuales de nuestra raza.  La pérdida de calidad es un mal generalizado que muchos no entienden o no aceptan.  Cuando vemos nuestras competencias y exhibiciones, aunque es cierto que han surgido un puñado de ejemplares muy buenos, tenemos que reconocer que a la gran mayoría les falta calidad.  En una competencia durante los años 70 (hace 50 años) teníamos eventos con 10 o 12 ejemplares extraordinarios y un puñado que “hacían grupo”.  Hoy resulta a la inversa, tenemos uno o dos ejemplares de más calidad mientras que el resto no deberían ni siquiera recibir premios.  Esto no solamente pasa en los eventos regulares, también pasa en los campeonatos donde encontramos ejemplares que carecen de los méritos para estar a ese nivel, ejemplares que son de “performance” y “pleasure” (“de paseo” diríamos nosotros), y los evaluamos y premiamos como de “paso fino”.

Nuestro norte—como dueños, como criadores, como exhibidores y como directivos de las entidades—no debería ser “evolucionar” nuestra raza para que se parezca al modelo que tienen los colombianos (ni ningún otro modelo extranjero).  No.  Nuestro norte debería ser recobrar lo que nuestra raza ha perdido y rescatar el legado de nuestros antepasados.  Preservar la herencia genética que con tanto esfuerzo forjaron nuestros abuelos y que no solo es patrimonio de todos los puertorriqueños, sino del mundo entero.

No tomen a mal mis palabras.  Sé que muchos no vivieron los años de gloria de nuestro Paso Fino, y los pocos caballos y yeguas “de antes” que conocen los han visto en videos mal conservados o con poca resolución.  Lo sé, es muy difícil preservar algo que no se conoce.  Y, seamos realistas, la confusión de las dos razas se ha metido bajo la piel de muchos jóvenes caballistas (y otros no tan jóvenes) que, en su mente, buscan un caballo “puro” que se mueva como tal o cual “fenómeno” colombiano (y aquí el término “fenómeno” no lo uso como algo sobresaliente, sino como algo raro, como “otra cosa”, que es lo que hacen esos ejemplares cuando ejecutan un supuesto ritmo de 4 tiempos sin ninguna isocronía).

De los dos ejemplos de nuestro paréntesis, los colombianos y los peruanos, ¿por qué nos emperramos en seguir imitando a los colombianos cuando podemos emular el amor y el orgullo que tienen los peruanos por su raza?  Nuestro caballo de Paso Fino es único en el mundo.  No merece comparación… ¡y no me digan que no lo comparan, si se nota en algunos que su modelo tiene más de colombiano que de puertorriqueño!  Nuestro norte, nuestro modelo, nuestro ideal, nuestra búsqueda debería ser que nuestros caballos se parezcan a lo que era nuestra raza 50 años atrás… y desde ese punto, mejorarla como raza.  Ya he perdido la cuenta de las veces que he invitado a que miremos al pasado para buscar el ideal que debemos seguir.  No hay que inventar la raza, mucho menos “evolucionarla” … la raza ya está—existe—y nos fue entregada para que la custodiemos y preservemos para las futuras generaciones.

Adaesed, Canela, Cielomar, Cucululú, Esa Sí, Esa Sí Es, Fineza, Glorivee, Guabá, Guajana de Domingo, La Llamarada, Miss Porta Coeli, Miss Puerto Rico, Nube Negra, Promesa de Cupido, Retadora, Wendolyn, Yira Yira… Brujo de Kofresí, Bucanero, Calipso Jr, Caribe de Domingo, Cialito, Cibuco Jr, Corsario, Desvelo, Don Pepito, El Duende, Españoleto, Freko, Kopeki, Papirus, Petrochelli (Kofresí II), Plebeyo, Porta Coeli, Presumido, Siboney El Brujo, Ulesati…

Estos son algunos caballos y yeguas importantes de los 70 y comienzo de los 80 (por orden alfabético).  Todos ellos tenían algo que rara vez encontramos hoy en día… ¡eran finos!  Con esa finura clásica que la raza ha perdido, que lo jóvenes no conocieron y que algunos no tan jóvenes ya han olvidado.  La elegancia y presencia de estos ejemplares.  La delicadeza de sus pisadas.  La naturalidad en el ritmo… ¡La raza era un lujo en esa época!  No me malinterpretes, ¡no eran ejemplares perfectos!  Pero esa es la labor de los criadores, tomar esas características que hacen una raza grande, preservarlas y mejorarlas para hacer que la raza vaya de grande a grandiosa.

Uno de los problemas que actualmente enfrenta nuestra raza es la ignorancia de los que debemos conservarla.  Si no la conocemos—y no hacemos un esfuerzo por aprender sobre ella—corremos el peligro de querer cambiarla, de querer hacerla a nuestra medida, a nuestro gusto… Me perdonan la franqueza, pero en esta era de las redes sociales hay muchos que se creen expertos porque vieron un vídeo en YouTube y escribieron un comentario en Facebook que recibió muchos “likes”.  Tengo que decir, con mucha tristeza, que veo muchas personas persiguiendo un “modelo” que es irreal y nada tiene que ver con la esencia de nuestra raza.

Creo que este artículo sería solamente un desahogo si no compartiera algunas propuestas concretas.  Es importante que reaprendamos todo sobre nuestra raza, que volvamos a enamorarnos del caballo puertorriqueño de Paso Fino… del real, el de antes, el que desarrollaron nuestros antepasados, no esa idea distorsionada que nos hemos ido creando en la mente.  Por eso:

Si tienes videos y fotos de la época dorada de nuestra raza, ¡compártelos!  Ayuda a los más nuevos a conocer lo que era el Paso Fino, porque solamente conociéndolo pueden amarlo y sentir el deseo de preservarlo.

Si eres de los directivos de las entidades, aprovecha este tiempo para educar tu matrícula.  Hemos vivido casi un año de encierro.  Un año donde las competencias han estado limitadas a casi cero.  ¿Por qué no aprovechamos ese año para educar?  Las redes sociales se han convertido en instrumentos idóneos para llegar a las masas.  Hay audiencias cautivas, hambrientas por cualquier cosa que huela a caballos.  La raza es la razón que le da vida a las entidades y en sus estatutos dicen que ustedes existen para preservarla.  Pongan sus esfuerzos en educar a sus socios, si al salir de esta pandemia tenemos un grupo de caballistas más enamorados del verdadero Paso Fino, entonces no habrá sido tiempo perdido.

Si eres un joven caballistas… o uno no tan joven, pero que no conoció lo que nuestra raza era los 70, 80 y 90, busca información.  Sé que no hay mucha, pero aprovecha los videos y fotos que circulan en las redes.  Acércate al pasado de nuestra raza con mente y corazón abiertos, y déjate abrazar por el orgullo de lo que tuvimos.  Todavía se puede rescatar.  Si algo grande tiene nuestra raza es su potencial genético y lo agradecida que es cuando la valoramos, cuidamos y preservamos.

Si llegaste hasta aquí, muchas gracias por tu paciencia leyendo a este enamorado del caballo puertorriqueño de Paso Fino.  Ojalá haya podido transmitirte un poquito del orgullo que siento por nuestra raza y el deseo inmenso de verla resurgir de nuevo como el ave fénix.  Que todos podemos sentirnos dichosos de tener la raza de caballos de silla más “fina” del mundo.  ¡Qué viva el Paso Fino!

Sobre la Raza Puertorriqueña de Caballos de Paso Fino

by Romualdo on October 24, 2019 in Paso Fino

Pure Puerto Rican Paso Fino horse with PR flag

Una vez pasados los días de vacaciones y nuestra participación en el Classic Celebration Show en Carolina del Sur, quisiera compartir con ustedes algunas ideas que ido reflexionando durante este viaje.

Situación de la Raza

Hace poco más de dos años se preparó un estudio para el Departamento de Agricultura donde se estimaba que la población de ejemplares de Paso Fino (entiéndase Puros Puertorriqueños) estaba entre 2,000 y 2,300 ejemplares en la Isla y 350 ejemplares en los Estados Unidos. Ese mismo estudio señalaba que se estaban inscribiendo menos de 100 ejemplares anualmente entre las 3 entidades de Puerto Rico (dato que se mantiene actualmente). Eso quiere decir que la población va en descenso y dentro unos años el número de ejemplares en la Isla podría bajar a 1,500 ejemplares. No tengo los datos de Estados Unidos, pero la realidad es similar: se está encastando muy poco y la cantidad de ejemplares va en descenso considerablemente. Esto, por sí solo, debería ser suficiente para levantar la bandera de peligro en cuanto al futuro de nuestra Raza de Paso Fino.

Puerto Rico y Estados Unidos, dos poblaciones que se complementan

Hay una diferencia muy grande entre la visión sobre la Raza de Paso Fino que tenemos en la Isla y la visión que tienen en Estados Unidos. Nosotros nos limitamos a ver nuestros ejemplares como animales de exhibición. La reproducción, las actividades, las competencias… todo va orientado hacia el Deporte de Paso Fino. En Estados Unidos, tal vez por tener otras clases en sus competencias, se tiene una visión más amplia de la Raza. Son ejemplares de exhibición, pero también se les valora como ejemplares de Pleasure y Performance, así como competidores en otras disciplinas ecuestres. Por ejemplo, hay una persona que utiliza sus ejemplares en carreras de endurance (distancia), hay otra que reconoce la habilidad innata de la Raza para trabajar ganado (tienen “cow sense” como los Cuartos de Milla), otras les enseñan a saltar y hacen acrobacias en ellos… en fin, no encajonan la Raza en un sólo nicho, sino que reconocen su versatilidad y la aprovechan.

En Puerto Rico, al enfocarnos en la Raza como ejemplares exclusivamente de exhibición—y sumándole la influencia indirecta del movimiento colombiano—, tendemos a buscar ejemplares más rápidos, más cortos, más “sonoros”… muchas veces a costa de la naturalidad (tenemos un número creciente de ejemplares de pasi-trote) y de la finura (hay muchos menos ejemplares verdaderamente finos que lo que sus dueños piensan). En Estados Unidos, en cambio, se han conservado líneas de sangre que ya no quedan o quedan muy poco en la Isla. Se ha mantenido el tamaño y la conformación (proporcionalmente, hay muchísimos menos ejemplares con problemas de aplomo que los que tenemos nosotros). Hay muchos ejemplares grandes, pero son refinados en sus formas (en Puerto Rico, en muchas ocasiones el tamaño va acompañado por rasgos ordinarios). Hay ejemplares naturales en la ejecución del ritmo, algo muy importante para ellos ya que son los mismos dueños quienes doman y entrenan sus ejemplares. Esto contrasta con nuestra realidad, donde cada vez tenemos más ejemplares habilitados, que sin la escorfina u otras ayudas no marcan el ritmo con tanta claridad o con tanta “finura”. Por último, la raza en Estados Unidos es longeva, donde llegar a los 28 o 30 años no son las excepciones sino casi la norma general.

Paso Fino, Classic Fino, Performance y Pleasure

En ocasiones, cuando hablo sobre este tema en Puerto Rico, me pareciera como si hubiera algo malo o denigrante con los ejemplares de Performance y Pleasure. Como si fueran menos de “Paso Fino”. Los etiquetamos como “caballos de paseo” o comparamos estos eventos con la desaparecida Condiciones Generales. Nada más lejos de la verdad.

Debemos comenzar por entender que “Paso Fino” es el nombre de nuestra Raza, así que todos los ejemplares—los mejores, los regulares y los flojos… los que pisan suave y los que pisan duro… los que flexionan exageradamente las rodillas y los que casi no levantan las patas del piso… los campeones y los que nunca, ni por casualidad, han ganado un premio—, todos son ejemplares de Paso Fino. Ahora, que todos pertenezcan a la Raza no quiere decir que todos ejecutan el ritmo del Paso Fino según lo hemos definido en nuestros reglamentos.

Nuevamente, nosotros encajonamos todos nuestros ejemplares bajo un único criterio de exhibición, mientras que en Estados Unidos han sabido reconocer que no todos los ejemplares, aunque todos sean de Paso Fino, ejecutan el ritmo de la misma forma. Por eso crearon las clases de Performance y Pleasure, y mientras nosotros obligamos los nuestros a cumplir con unos parámetros que no reúnen, ellos propician que sus ejemplares se expresen en el estilo que les resulta más cómodo y natural. Dicho de otra manera, nosotros forzamos el descarte de ejemplares, mientras que ellos valoran la diversidad de estilos y han buscado un sistema para evaluarlos en igualdad de condiciones.

Para que tengamos una idea más clara de las diferencias entre las tres clases, voy a compartir unos conceptos que Lynn Gallup, juez certificada de la PFHA, usa para describirlas. Dice Lynn que,

  • el Classic Fino es como una bailarina de ballet clásico bailando en puntas, dando pasos muy cortos y muy rápidos: el ejemplar luce con gracia y energía mientras avanza muy poco, sin verse forzado, sino natural y delicado;
  • el Performance es como un automóvil deportivo con un motor turbo: el ejemplar es energético y de acción elevada de sus patas, mecánica que se mantiene tanto en el paso corto como en el largo;
  • el Pleasure es como un paseo en una bicicleta de diez cambios por una ruta escénica: el ejemplar tiene movimientos más relajados y suaves, aunque manteniendo la elegancia y ritmo natural durante los pasos corto y largo.

¿Qué nos dice todo esto?

1. Tenemos una raza versátil y, mientas en Estados Unidos lo reconocen, nosotros fallamos en darle la importancia que tienen las otras disciplinas en las que puede sobresalir. El último día del Show hablaba con Jorge Vivó, hermano de nuestro querido Pepe Vivó (qepd), y le decía que la ironía en la Isla es que hay puristas que tienen un caballo de Paso Fino para las competencias, pero un mediasangre para cabalgar…

2. La Raza en Puerto Rico y la Raza en Estados Unidos se complementan una a la otra, y eso podría ser el puente para recuperar lo que se ha perdido en cada población. Pero para esto primero hay que reconocer que hemos perdido características y, reconociéndolo, surja en nosotros el deseo de recuperarlas. Hace unos años que algunos hablamos de buscar “el caballo completo”, ese deseo no surge de la nada, sino de ver lo que tienen en Estados Unidos que nosotros ya no tenemos, y viceversa.

3. Todos los ejemplares que pertenecen a la Raza llevan el nombre de “Paso Fino” y todos ejecutan un ritmo de cuatro tiempos laterales e isócronos, pero lo hacen con distintos niveles de finura, reunión, energía, fluidez, etc. En Estados Unidos clasifican estas diferencias llamándoles “Classic Fino”, “Performance” y “Pleasure”, y sus ejemplares son evaluados según su estilo. En Puerto Rico no hacemos distinción alguna y todos los ejemplares, independientemente de sus cualidades, son evaluados bajo un único criterio de “Paso Fino” (similar al “Classic Fino” americano).

4. Lo ejemplares “finos” (Paso Fino en la Isla y Classic Fino en USA) representan una minoría dentro de la Raza. La diferencia es que el sistema americano ha encontrado una forma de evaluarlos de manera justa, mientras que nosotros, al usar un único modelo, hemos ido modificando nuestra idea de “finura” y en las competencias vemos ejemplares ganando premios importantes sin ser “finos” (son de Paso Fino por pertenecer a la Raza, pero su mecánica se aparta considerablemente de nuestra definición del aire del Paso Fino).

5. Esto nos presenta dos posibles caminos a seguir: o implementamos un sistema más justo para evaluar los distintos estilos de andar (a la usanza de USA), o somos proactivos encastando y premiando los ejemplares que verdaderamente cumplen con la descripción del andar que hemos definido.

Una necesidad urgente y apremiante de promoción

Hay otra realidad que es tan o más importante que la merma de ejemplares, la complementariedad de las dos poblaciones (PR y USA) y los diferentes estilos de andar de nuestros ejemplares: nuestra Raza está huérfana de promoción (tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos).

Cuando miramos el Paso Fino podemos ver dos realidades que, aunque relacionadas, son distintas: la Raza y el Deporte. Se puede amar la Raza y no ser deportista, como se puede ser deportista y no tener un apego real por la Raza. Pero independientemente de lo que nos motive, recordemos siempre, siempre, siempre que sin Raza no puede haber Deporte.

Las entidades, sean las entidades en la Isla o la entidad en Estados Unidos, se enfocan en el Deporte. Claro, para regular el Deporte tienen que mantener los registros y definir (mejor o peor) lo que es el Paso Fino. Pero su prioridad es el Deporte. Ese es su norte, su motor, a lo que dedican sus esfuerzos. Y eso es normal, pero deja que la promoción de la Raza quede en un segundo plano y se nutra, mayormente, de iniciativas privadas.

Si nos fijamos en el Show que se celebró en Carolina del Sur la semana pasada, podemos observar como se levantó una gran expectativa en las redes sociales. Se lanzó un reto, se promocionó en distintos grupos, se presentaron algunos ejemplares… se creó expectación y deseo de ser parte del Show. El saldo fue la participación de 28 ejemplares, que en una población de 350 animales representa un 8%. Esto contrasta con el índice de participación en la Isla, donde en las competencias grandes participan 100 o 110 ejemplares de una población de 2,300 (menos de un 5%). Y debo recalcar que competencias grandes son la Feria Dulce Sueño y la Feria del Campo, porque si fuéramos a comparar las estadísticas de las competencias cerradas (Estatales, Nacionales e Insulares) con los campeonatos anuales de la PPRPF Federation (eso es lo que es el Classic Celebration Show) nos sorprenderíamos.

Podemos pensar que nosotros también hacemos este tipo de promoción en nuestras competencias. Pero en el caso de Ramón Bodón y Denisse Cancel, que fueron quienes se dieron a la tarea de motivar la participación en el Show, lo que se hizo tras bastidores fue lo que rindió fruto: comunicación directa y personal con los dueños de los ejemplares.

Un evento que me ha llamado mucho la atención en los 3 años que he asistido al Show en Estados Unidos se llama el “Celebrity Class”. Este es un evento donde compiten entre ellos algunas celebridades invitadas (reporteros, artistas, líderes de la comunidad, etc., este año había 8 celebridades). Les prestan los caballos y yeguas campeones y, si no saben montar, los acompañan un palafrenero durante la competencia. Esta clase la graban los medios noticiosos y luego la transmiten, siendo un gran instrumento de promoción para la Raza. Esto es un ejemplo de algo que podríamos implementar en la Feria Dulce Sueño o la Feria del Campo.

Reconozco que atravesamos tiempos difíciles y que las entidades pasan mucho trabajo levantando los fondos para realizar sus competencias. Pero debemos preguntarnos, ¿tantas competencias al año son necesarias? Tal vez nuestra realidad económica actual nos está brindando la oportunidad para reducir la cantidad de competencia y dedicarle más esfuerzos a que las que se hagan sean de mayor envergadura. La promoción no siempre tiene un costo monetario, como vimos con el evento de las celebridades o las iniciativas de Ramón y Denisse en el Classic Celebration Show. Pero si tenemos un calendario cargado de competencias y dedicamos nuestros esfuerzos a cumplir con unas metas de “tiempos de vacas gordas”, no nos sobrará tiempo y energía para buscar maneras creativas de promocionar la Raza.

¡Y es que esa promoción es tan necesaria! No es algo opcional, ni podemos seguir postergándolo. Seamos realistas, si dejamos que las cosas sigan el paso que llevan, nuestra Raza va a seguir en descenso. Y cada año que pasa se hace más difícil recuperar lo que estamos perdiendo.

Veámoslo desde otro ángulo. Las Justas de Equitación son la herramienta perfecta para crear nuevos caballistas. Pero para que esto pueda rendir frutos, esos jóvenes jinetes y amazonas tienen que enamorarse de la Raza, no del Deporte. Si aprenden a amar la Raza se envolverán en todos los aspectos de esta, incluyendo las competencias de equitación. Pero si lo ven como un deporte más y no se crea un vínculo entre el/la joven y un ejemplar específico, no crecerá el amor por la Raza. Esta es la razón por la que jóvenes compiten lo mismo en nuestras competencias que en el movimiento colombiano, no es la Raza lo que les atrae sino el Deporte. Una vez establecida la dinámica de alquilar ejemplares es difícil volver atrás, pues en una economía maltrecha se ha abierto un mercado de alquiler que ayuda a algunos dueños con los gastos de sus ejemplares. Por eso se debería considerar dar una bonificación considerable de puntos a los jóvenes que participen en sus ejemplares propios. Una bonificación que sirva de aliciente para que esos jóvenes deseen adquirir un ejemplar. Una bonificación que represente la diferencia entre ganar o perder una competencia… o las Justas. Que no se premie a quien alquiló el campeón, sino al que hace un esfuerzo verdadero por ser parte de la Raza.

Tenemos que promocionar la Raza y tenemos que fomentar la creación de nuevos dueños y criadores. Tenemos que hacerlo ahora.

Dos ejemplos dignos de admirar

La raza de caballos Gypsy Vanners era prácticamente desconocida hasta el año 1996, cuando Dennis Thompsom ayudó a crear el primer registro formal y se fundaron las primeras organizaciones para regularla. Ese mismo año se importaron los primeros caballos a Estados Unidos. Hoy en día es una raza reconocida a nivel mundial y cuenta con 7,000 ejemplares registrados en Estados Unidos, y otros tantos en Argentina, Colombia, Canadá, Nueva Zelandia y Gran Bretaña (su lugar de origen). ¿Cómo lo consiguieron? ¡Promoción!

El caballo de Paso Higüeyano representa el esfuerzo por rescatar la raza criolla de la República Dominicana (donde nuestro caballo de Paso Fino tuvo participación). Es impresionante como en pocos años se ha logrado alimentar el amor patrio que nuestros hermanos dominicanos sienten por su raza autóctona, tanto así que hoy en día cuentan con cerca de 3,000 ejemplares inscritos. Esto es una cantidad mayor que los ejemplares de Paso Fino que tenemos en la Isla y Estados Unidos combinados. ¿Cómo lo han hecho? ¡Promoción!

En este momento no hay nada más importante que podamos hacer por la Raza que promocionarla. Todas las competencias que se hacen en la Isla y en Estados Unidos juntas no pueden conservar nuestra Raza viva. Solamente si la promocionamos y la ayudamos a crecer, podremos conservarla como patrimonio para nuestros hijos.

Una propuesta

No quisiera terminar esta reflexión sin presentar una posible ruta a seguir. Propondría que las 3 entidades de la Isla, en unión de la entidad en Estados Unidos, nombren un comité que pueda trabajar iniciativas concretas para la promoción de nuestra Raza.

Debería ser un comité:

  • que funcione de forma independiente;
  • que esté compuesto por un representante de cada entidad participante;
  • que los representantes sean voluntarios y tengan un deseo genuino y serio de promocionar la Raza;
  • que los nombramientos tengan una vigencia prolongada (no atadas a la elección de nuevas Juntas), propongo que sea por 3 años;
  • que tenga la facultad para buscar auspicios para cubrir los gastos que incurran en la promoción de la Raza;
  • que tenga el apoyo de las entidades para proveerle información adelantada (siempre que sea posible) de las actividades que se estarán realizando (calendario);
  • que además del Deporte (competencias), busque realzar las demás habilidades de nuestra Raza (versatilidad).

La promoción de la Raza no es anunciar competencias, ni buscar darles realce a ejemplares específicos, sino buscar oportunidades donde la Raza pueda darse a conocer en nuevos escenarios. La promoción debe ir acompañada de educación, donde la información que se comunique sea lo más correcta y precisa posible. Tanto la promoción como la educación deben llevarse en clave inclusiva, buscando atraer la atención de todos (si se hace solo para los Puristas no se están atrayendo nuevos adeptos a la Raza).

Espero que estas líneas sirvan para que tú—en singular, tú que me estás leyendo—puedas crear conciencia de la situación que enfrentamos y de la urgencia de atenderla cuanto antes.

¡La Raza—nuestra Raza—cuenta contigo!