Por Antonio Ramírez Córdova

Título: Caballos

Actor 1: Yo soy de paso fino.
Actor 2: Yo soy de trocha. Soy de Colombia.

Telón


Antonio Ramírez Córdova es un innovador en la literatura puertorriqueña y su incursión en el “micro teatro” es una prueba de ello. Me cuenta Antonio que éste es un teatro de vanguardia, pues son obras cortas diseñadas para pocos espectadores que se pueden presentar tanto en un café teatro, como en una tertulia familiar. Antonio se inspiró en los trabajos de Achille Campanile, un escrito italiano que ya desde comienzo del siglo pasado había comenzado a escribir esta clase de teatro. A mí me parece fascinante como el micro teatro se amolda a nuestra época donde lo queremos todo rápido y sin perder tiempo. Algo me ha recalcado mucho: este es un teatro pobre de apenas dos parlamentos y un teatro de directores, que son los responsables de darle vida a los actores al poner la obra en escena.

Dos cosas tengo muy claras: Facebook no es una plataforma para hacer teatro y yo no tengo ni un pelo de director, pero me he tomado a pecho el reto de Antonio y voy a tratar de darle un poco de forma a esta obra.


Primer acto: Sale a escena un caballo zaino, melenú, careto y patiblanco. Su cabeza erguida le da cierto aire de realeza. Adelanta con un paso muy suave y rítmico, evocando la imagen de una bailarina de ballet danzando en puntas. Con delicadeza da una vuelta al escenario antes de detenerse en el medio y decir:

Microteatro - Dulce Sueño

Dulce Sueño (de Puerto Rico): Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca… Me llamo Dulce Sueño y así suenan mis pisadas cuando ejecuto el ritmo que me heredaron mis antepasados. Sí, mis antepasados, porque, aunque me llaman el Padre de la raza, el Paso Fino ya existía en Puerto Rico mucho antes de yo nacer. La gente habla de mi estampa, de mi porte y mi elegancia, y hay hasta quienes dicen que soy el caballo más hermoso que ha nacido en esta tierra. Pero mi gran virtud es mi paso… esos cuatro tiempos que voy marcando sin fallar cuando me sacan a pasear por el pueblo. Muchos han tratado de explicarlo, y le han dedicado ensayos, poemas y hasta canciones, pero, te digo un secreto: el Paso Fino se aprecia mejor desde la silla. La marcha es tan suave que mi jinete puede llevar una copa de agua en su mano sin derramar ni una sola gota. Por eso han dicho que mis descendientes son los Cadillacs de los caballos. Recuerdo aquellas veces que me llevaban a exhibirme con mis hijos en las plazas de los pueblos. La gente se arremolinaba para vernos y nosotros, orgullosos, levantábamos la cabeza y estirábamos la cola para lucirnos ante la multitud. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca… así sonaba el coro que hacían nuestros cascos sobre la gravilla. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca… no ha habido una danza más rítmica ni una plena más repicá que nuestro andar. ¿Sabes? Añoro aquella época cuando nos consideraban los mejores caballos de silla del mundo y éramos admirados en todas las Antillas. Hoy nos crían para dar tres vueltas en un picadero y mucho de nuestra esencia se ha ido perdiendo. Aunque nuestra raza es noble y, si se esmeraran nuestros criadores, podríamos volver a ser como antes. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca… nuestra, autóctona, original, única en el mundo, como el coquí y la cotorra puertorriqueña, así es nuestra raza puertorriqueña de Caballos de Paso Fino.

Segundo acto: Tan pronto sube el telón, aparece por el extremo un caballo negro cerrado. Tiene figura estilizada y aspecto sublime. Se mueve por el escenario con gracia haciendo una serpentina, y se planta, y retrocede hasta quedar en el medio, donde comienza a decir:

Dulce Sueño de Lusitania: Tras-tras-tras-tras-ta-ca-ta-ca-tras… Me llamo Dulce Sueño de Lusitania y me perdonan los que tienen un oído muy aguzado, pero es que me gusta “descansar” en lo que en mi país llamamos “Trocha”. Mis dueños dicen que soy de Paso Fino Colombiano, y así está certificado en mi registro, pero a veces se me enredan las patas y me cuesta un poco hacer los cuatro tiempos isócronos que me pide mi chalán. ¡La culpa no es mía! La genética es cosa seria y entre mis antepasados hay tanto de laterales como de diagonales… digamos que esto es un atributo de nuestra raza, un vestigio de aquel tiempo cuando nuestros criadores nos cruzaban sin fijarse mucho en las modalidades que ejecutamos. Un atributo que en estos tiempos modernos se nos ha pronunciado por esa bendita búsqueda de la velocidad con la que movemos las patas. Hoy por hoy soy uno de los sementales mejor cotizados en mi país, y en todas partes donde existe nuestra raza. Te cuento que tengo una hija que es la sensación donde quiera que comparten sus videos. Todos dicen que es “una mostra” y la mejor yegua del mundo. Tras-tras-tras-tras-ta-ca-ta-ca-tras… pero se confunde mucho y por eso no la presentan en las ferias. Eso sí, es la campeona indisputable de las redes sociales por lo rapidísimo que mueve sus patas y por quedarse haciendo lo suyo sin adelantar: “guayando” dicen los que saben de esto. Tras-tras-tras-tras-ta-ca-ta-ca-tras… no se lo digo a ella porque en el fondo me siento orgulloso que lo heredó de mí, pero a veces pienso que no somos ni de paso ni de trocha. Como decía Cantínflas: “ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. Aunque te confieso, aún quedan criadores que recuerdan con nostalgia aquel tiempo donde la rapidez no era tan importante y se valoraba más la claridad en el ritmo. Pero esa época no volverá, dicen que hemos evolucionado. Total, haciendo lo que hacemos somos famosísimos y nos cotizan por altísimas sumas de dinero, así que para qué vamos a cambiar esta fórmula que es ganadora. Tras-tras-tras-tras-ta-ca-ta-ca-tras… soy original de Colombia y me llaman Pasi-Trocha Colombiana.

–FIN–

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