Cuando fui Director de Jueces, Ricky Cabilla, quien era el Presidente de la Federación ese año, me insistía—con muchísima razón—que veláramos el vocabulario que usaban los jueces.  Por ejemplo, en nuestras competencias no se deben usar términos como “fuera de la modalidad” cuando un caballo está fuera de paso.  Eso es un disparate pues en el Paso Fino Puro Puertorriqueño no hay modalidades.  Pero creo que a veces nos enfocamos tanto en el léxico y en el tema del nombre “Paso Fino”, que hemos perdido de perspectiva una realidad mucho más grande e importante: los puristas nos hemos alejado de la identidad cultural de nuestra raza y nuestro deporte.

Me explico…

Si observamos las fotos históricas de nuestra raza notaremos que antes se usaban pantalones ecuestres y botas altas, también se usaba la guayabera y chaquetas con los colores distintivos de las entidades en las competencias importantes, los sombreros eran Panamá o Stetson (algunos les llamaban “sobreros de gatito”).  Sin embargo, dejamos de usar estas vestimentas, que eran nuestras, para usar la etiqueta en competencias grandes, igual que la usan en el movimiento colombiano.  Un detalle casi insignificante, pero ¿cuántos caballistas todavía usan el sombrero Panamá que era tradición de nuestros abuelos?

Antes de los 70, todos nuestros aperos y sillines era ingleses, los boca’os eran fijos y teníamos un grupo de artesanos que eran verdaderos artistas confeccionándolos, el uso de la serreta para afinar y de la jáquima de soga, que era la mejor herramienta para comenzar los potros o meter en paso un caballo endosado, las cabezadas de Bellas Formas con adornos en plata o acero inoxidable, y el uso de aperos y sillines de color blanco que lucían orgullosos algunos caballos… ¿Dónde quedó todo eso?  Ahora todos nuestros aperos y gran parte de la doma artesanal que teníamos desaparecieron para asumir los aperos y prácticas colombianas.  La misma tabla de resonancia no era parte de nuestras competencias, eso lo importamos junto con los primeros caballos colombianos que llegaron a la Isla.

La realidad es que no hay mucha diferencia al ver una competencia purista o una colombiana.  Un amigo me decía que “nos han secuestrado el deporte”, pero somos los mismos puristas los que hemos renunciado a lo que era nuestro para introducir lo típico de otra raza.  Eso, en términos antropológicos, se conoce como transculturación.  Si queremos presentar nuestra raza como una que es autóctona y única no basta con reclamar la autoría del nombre “Paso Fino”, tenemos que recobrar la identidad cultural del Paso Fino y cultivar nuestra propia cultura ecuestre (que en otra época la tuvimos).

Déjenme que lo explique desde otro ángulo.  Siempre hacemos la comparación con los colombianos porque históricamente ha existido la polémica por el nombre, etc.  Pero el caballo de “paso fino” colombiano no es otra cosa que un producto comercial.  Raffi Rivera lo explicó muy bien en una grabación que hizo hace unos años: al comienzo de los 70 estuvo en una feria con Favio Ochoa y notó que habían caballo similares a los nuestros y que esos caballos no eran los favorecidos por los caballistas colombianos, así que, comerciante al fino, le propuso a Ochoa que vendieran esos animales para PR, RD y USA donde se podía abrir un mercado para ellos.  Toda la evolución de su “raza” ha sido el producto de la oferta y la demanda, el ajuste del mercado para producir el caballo que querían comprar en Estados Unidos.  Irónicamente, hubo un grupo de caballistas puertorriqueños (puristas) que proponían buscar un caballo similar al colombiano.  Ese grupo rechazaba los términos “suavidad” y “delicadeza”, que tradicionalmente se han identificado con nuestros caballos, porque, según ellos, eran indicativos de debilidad, y hablaban, en cambio, de un caballo puro que “patine y bote fuego”.  El error de estos hermanos criadores estaba en negar la identidad de nuestra raza con el único propósito de producir un puro que se pudiera vender en miles de dólares, como se vendían los colombianos.  Fue tanta la ceguera que llegaron a proponer (en privado) que el nuevo modelo del caballo puro debía ser Capuchino.

Nuestra raza no es un producto de consumo, sino el esfuerzo de nuestros antepasados que supieron reconocer las virtudes de “los caballos indígenas”, como los llamó del naturista francés Andrë Pierre Ledrú en 1797, y la cultivaron hasta crear una raza única de la que estaban orgullosos.  La raza puertorriqueña de caballos de Paso Fino tenía una identidad propia y fue esa identidad la que la hizo famosa en todo el Caribe, Centro y Sur América como el mejor caballo de silla del mundo.  Recordemos aquella frase del historiador Adolfo de Hostos donde decía que ya en 1860 en Puerto Rico se producía una raza conocida como Caballos de Paso Fino que era muy admirada en las Antillas.  Nuestros caballos eran admirados por los pueblos vecinos por su finura y suavidad, por su elegancia y gallardía, por lo cómodo de su marcha y lo natural de su paso… y el jíbaro puertorriqueño de aquella época estaba orgullosísimo de sus caballos y de su cultura.

Si yo fuera a buscar una similitud con otra raza tendría que fijarme en el caballo Peruano de Paso.  No tanto por su mecánica que, aunque es de 4 tiempos, tiene otras particularidades que la diferencian bastante de nuestros caballos.  Pero los caballistas peruanos tienen algo que los distingue: una cultura ecuestre bien definida que está íntimamente relacionada con su raza caballar.  Lo notamos cuando vemos sus competencias y actividades, su vestimenta y aperos típicos son reflejos de su cultura y los distinguen de todas las demás razas de caballos en el mundo.  El caballista peruano no sólo está orgulloso de su raza de caballos, sino que se hincha de orgullo por toda su tradición ecuestre.  Como dato interesante, en los inicios de la PFOBA (que comenzó con caballos puertorriqueños), cuando empezaron a llegar los caballos colombianos también llegaron caballos peruanos a los Estados Unidos y en un principio se cruzaron e inscribieron caballos de las tres razas.  Pero los peruanos vieron el peligro que esto significaba para su raza y se separaron.  Es con tristeza que tengo que admitir que ese celo por la cultura ecuestre de su país que tienen los peruanos nos falta en el Purismo.

La otra idea que quiero compartir con ustedes está relacionada con el mercadeo de nuestros caballos.  Nosotros hemos limitado el caballo de Paso Fino a ser uno solamente de competencias.  Pero en un principio, el nuestro era un caballo funcional.  Un caballo de silla para disfrutarse desde la silla (no desde las gradas).  No está mal que le demos mucha importancia a las competencias, pero si mercadeamos nuestros caballos solamente como caballos de exhibición estamos limitando muchísimo el público que se podría interesar en ellos.

Cuando miramos la historia, las veces que nuestro caballo se exportó fuera de la Isla fue por ser un caballo funcional (las centrales en las Antillas, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Chile).  La única excepción fue a la República Dominicana en la época de Trujillo y Pompilio Brouwer, cuando un pequeño grupo se interesó en el Paso Fino como deporte y adquirieron caballos de competencia para competir contra los nuestro (en esa época se celebraron varios torneos ecuestres Interantillanos).

La exportación más grande de caballos de Paso Fino se dio hacia los Estados Unidos y ese mercado nació con los militares destacados en la Base Ramey de Aguadilla.  Ellos se hicieron de caballos de Paso Fino, pero no tenían interés en las competencias.  Los adquirieron para disfrutar las bondades de nuestra raza como caballo de silla.  La primera entidad americana se llamaba American Paso Fino Pleasure Horse Association y esta se formó por los militares que regresaron a sus hogares y llevaron consigo los caballos que tenían en la Isla.  Su intención como organización no eran las competencias, sino el disfrute de la raza de caballos de silla que habían conocido y admirado en la Isla.  De hecho, el deterioro actual de la PFHA se debe a un enfoque excesivo hacia los caballos de pista, dejando de lado los caballos de trail/pleasure que son la mayoría de sus socios.

Si miramos el mercado internacional, los caballos colombianos vendidos para Europa no son del estilo que se ven en las pistas actuales, sino del paso colombiano de los 70 y 80, cuando todavía eran caballos funcionales.  Lo mismo sucede con el caballo Peruano de Paso, ellos pudieron exportar su caballo por ser uno funcional y hoy en día tienen registros en Perú, Argentina, USA, Canadá, Europa y Australia.  Debemos aprender de la experiencia de los demás… si insistimos en mercadear nuestro caballo solamente porque puede andar reunido por 15 minutos en un picadero, ¿cuántos se van a interesar en ellos?  Ojo, no me malentiendan, a mí me gusta—y busco en mi crianza—el caballo fino, reunido, rápido, etc… pero una cosa es el caballo que yo prefiero y otra el caballo que se puede mercadear fuera del reducido ámbito de las competencias.

En Oregón hay un pequeño grupo de personas que han adquirido caballos puros.  Estos caballos eran de una manada de sobre 70 caballos que tenía Kenn Goodenough y que fueron a parar a distintos dueños.  Este grupo ha recuperado varias yeguas y se han enamorado de la raza.  Son ellos los que lograran que The Livestock Conservancy se interesara en la situación actual de la raza y están conversando con Equus Survival Trust (otra organización que atiende razas de caballos en peligro de extinción).  Este grupo que está iniciando en Oregón tenía necesidad de un semental para servir sus yeguas, pero a pesar de que admiran nuestros caballos de competencias (los han visto a través de Facebook), reconocen que ellos no tienen uso para ese tipo de caballos en este momento.  Seamos realistas, uno de nuestros campeones puede ser extraordinario desde nuestra perspectiva, pero para estos criadores, que están utilizando sus caballos para trail, para rescates en las montañas, para dar terapias a niños con discapacidades, y para su disfrute general, un caballo de exhibición, por bueno que sea, no puede ofrecerles lo que ellos necesitan de la raza (tamaño, naturalidad, buen temperamento, nobleza, fácil manejo, etc).  Hablarle a este grupo del deporte de Paso Fino y de caballos de competencia es tiempo perdido, porque esa no es su realidad.  Claro, como dije antes, ellos ven los videos y admiran el Paso Fino repicado, reunido y fogoso, pero esos no son caballos funcionales para ellos en esta etapa…

Estas tres palabras son muy importantes: “en esta etapa”, porque en un futuro, si siguen desarrollando su crianza y su grupo crece, es muy posible que nazca el deseo de hacer competencias o participar de las que ya hay en otras partes de Estados Unidos.  Recuerden una cosa, el deporte por sí mismo no tiene razón de ser, es la raza la que le da sentido al deporte.

Los mercados hay que cultivarlos.  Los primeros caballos puros en los Estados Unidos eran caballos de trail (los caballos que llevaron los militares de Ramey), igual al tipo de caballos que hay ahora en Oregón.  Sin embargo, una vez se organizaron los dueños y comenzaron a hacer actividades entre ellos, surge naturalmente el deporte y se abre el mercado para el caballo de competencias.  Eso es lo que sucedió en Carolina del Sur, donde está la sede de la Pure Puerto Rican Paso Fino Federation.  Una vez que se estableció la entidad, comenzaron a hacer competencias y surgió el deseo de adquirir y encastar caballos de show.  Esa es la meta, pero los mercados hay que abrirlos con animales funcionales.

Imagínense que quisiéramos tratar de vender caballos de Paso Fino en Europa o Canadá o Australia.  No haría sentido para estas personas comprar un caballo pequeño que camine corto, porque con ese paso no se llega a ninguna parte (no adelanta ni cubre distancia) ni puede llevar un jinete alto luciendo bien.  Para estos mercados, un caballo de competencia, por extraordinario que sea, no es un caballo funcional.  Pero una vez que existe el mercado y los dueños se organizan y forman una entidad, entonces se puede introducir el caballo de exhibición.

No sé si me explico bien o si les hace sentido lo que estoy escribiendo.  Pero la realidad actual del Paso Fino es que hay menos de 150 socios activos entre las tres entidades.  Si producimos 100 crías al año (que es una cantidad muy pequeña para sostener una población estable de la raza), ¿a quién se los vamos a vender?  Para que la raza crezca hay que producir más animales y eso quiere decir que necesitamos mercados para venderlos.  El mercado de competencia en la Isla es muy limitado y ya se ha comprobado que las entidades no pueden hacerlo crecer porque los socios nuevos son muy pocos.  Si no hacemos un cambio radical de estrategia, el deporte seguirá reduciéndose hasta que desaparezca completamente.  Hay una frase que se le atribuye a Albert Einstein que dice que no puedes esperar resultados diferentes si siempre haces lo mismo… en el Purismo llevamos décadas haciendo lo mismo mientras vemos como la raza y el deporte siguen menguando.

Te lo dije antes, el deporte no es y nunca ha sido lo primordial, tenemos que sacarnos esa idea de la mente.  En realidad, el deporte es el producto secundario de un grupo de dueños y criadores que quisieron comparar sus ejemplares unos con otros para medir el progreso de sus crianzas.  Mercadear nuestro caballo de Paso Fino en un mercado virgen (donde no existe la raza) es posible y debe ser el norte a seguir.  Pero eso se consigue con caballos funcionales, caballos de silla según el modelo tradicional de lo que era nuestra raza cuando era una raza “muy admirada en las Antillas”.  Necesitamos crear formas de darle exposición a este tipo de caballos, porque son ellos los que pueden abrirnos los nuevos mercados que necesitamos.

Cuando surgió el automóvil y este comenzó a reemplazar los caballos de trabajo, un criador de caballos Peruanos de Paso le hizo una exhortación muy importante a su gremio, les dijo que se concentraran en producir un caballo de trabajo que fuera apto para competir, no un caballo de competencia que pudiera trabajar.  Los criadores peruanos tenían muy clara la importancia de mantener una raza de caballos funcionales, sin perder la esencia de lo que es el caballo Peruano de Paso.  Eso nos faltó en el Purismo… donde llevamos décadas encastando para el deporte sin pensar que esos cruces no aportan para la conservación y el mejoramiento de la raza.

Creo que es momento de hacer dos cambios sustanciales en las entidades y en el deporte…

Primero, es necesario recuperar la identidad cultural del Paso Fino Puertorriqueño como algo histórico, único y nuestro.  Recobrar nuestra cultura ecuestre con todo lo esto significa (re-adoptar lo tradicional y despojarnos de los elementos adquiridos del movimiento colombiano).

Segundo, si queremos preservar la raza necesitamos que ésta crezca y eso no se logra enfocados solamente en los caballos de competencias, sino llevando el caballo funcional a otros mercados distintos del mercado de pista.  Tenemos que entender que el caballo de competencia es un producto secundario, que surge en los lugares donde ya se ha introducido la raza.

Ambas metas se pueden lograr, pero necesitamos la voluntad y el deseo de hacerlo.

Boricua, hijo de Batalla en Nevada por Patiblanco (hermano de Dulce Sueño), criado por José B. Ramírez Acosta (quien lo sostiene con el trofeo en la mano), luego fue propiedad de Miguel Antonio Guevara. La foto es a comienzo de los 40. Notemos la vestimenta de su montador Pablo Pagán y de su propietario Ramírez Acosta, así como los aperos del caballo.
Cupido, con Cunda Figueroa, y Huapango, con Rufo Figueroa, en la Copa San Juan Bautista. Apreciemos la cabezada de Cupido con adornos en acero inoxidable, las bridas en cuero y el boca’o fijo. La familia Freire aún conserva esta cabezada y la exhiben orgullosos en su residencia.
Kofresí ganando el campeonato de potros en las Estatales de 1961. Lo monta Miníni Kuilan y podemos ver la vestimenta tradicional de esa época, así como los aperos en cuero con detalles en acero inoxidable.
Cibuco, hijo de Candelaria en La Bruja, exhibido en Bellas Formas con cabezada y cadenas blancas.
Sarah, hija de Retador en Marina por Batalla (Marina fue la madre de Galana y Don Toquí, entre otros). Foto de 1971, la monta Juan Ramón Figueroa, notemos los aperos y el sillín que lleva la potranca de color blanco, así como el boca’o fijo tradicional que se usaba en esa época.
Tintan montado por su propietario Francisco Rodríguez. Foto de finales de los años 50, se puede apreciar la vestimenta de la época y el uso del sillín inglés y los frenos adornados con acero inoxidable. Dos datos curiosos, primero se permitía el uso de espuelas en las competencias, y segundo el adorno con borlas al final de las bridas.

La primera foto del artículo corresponde a Principe Rubio, hijo de Pocholo en La Rubia. Lo monta Miguel Figueroa, hermano de Cunda y César Figueroa, dicen que tenía una mano privilegiada pero murió joven. La foto es de 1938, nótese la vestimenta de la época, con polainas para proteger el pantalón. En los aperos del caballo se aprecian los aperos en cuero adornado, posiblemente los precursores de las cabezadas adornadas con acero inoxidable y plata que se usaron más tarde. También llama la atención la serreta por debajo (aunque la foto está deteriorada, se nota por la posición de las bridas), César Figueroa solía usar la serreta de esta forma.

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